Ungido por tu amor,
cual me predicas con un beso enardecido,
mas con tus labios obsesos por los míos,
quedamente que me ausentan los temores.
Yo que ciño con palabras la esperanza,
de que perdures trascendiendo las eras,
al correr con entereza por mis venas,
cono un celo afectuoso e insistente.
Bellos ojos como el sol mañanero
labios de indudable rojo ardiente
ensimismada, cabizbaja te hallo siempre
aun cuando bailas, aun cuando cantas.
Pero tu niña que hermosa encontré un día
me aguardabas bajo fastuosos ropajes,
te entregaste sin razón y sin medida
y ahora vivo solo para amarte
domingo, 16 de agosto de 2009
Mis amores, a una bailarina.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario