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Bailarina me llamaban
de los locales nocturnos
de la vida parisina.
Intrepidamente deboraba:
las copas efimeras en mis manos,
los hombres fugacez en mi cama,
y ausente de temores me daba
a la gula, lujuria desenfrenada.
¿que razon tenia ello, si era
constante mi imagen, bebedora
empedernida ahogandome
en las copas?.
Malos tratos que asediaron
mi vida al fin la arruinaron
esas noches en exceso
me hundieron en la falsa fantasia,
de una libertad disfrazada.
Y mis ultimas palabras:
padre . . .
¿Dios me perdonara?
"soy la glotona".

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